lunes, 20 de febrero de 2012

Hoy tengo ganas de tomarme un avión

Escribo este texto con la intensión de que sea para una especie de catarsis a la frustración y grito ahogado que siento en mi pecho. Prometo ser lo más sincera posible con mis lectores y pese a los sentimientos que se están desarrollando en mi estomago apegarme lo más posible a los hechos.
Como a la mayoría de mis connacionales nunca se me fue regalado ninguna oportunidad sobresaliente. Me crié en una familia de clase media y recuerdo tiempos de vacas gordas y muchos de vacas flacas, como cuando el divorcio de mis padres coincidió con la crisis económica de 1994. Igual que millones es este país, madrugo, me atoro en el tráfico y me gasto mi quincena con tal de darle un presente a mi madre el 10 de mayo porque ella solita con su esfuerzo nos ha sacado adelante a mi y a mis hermanas. Recuerdo muy bien la cara que puso mi madre cuando le dije que un amigo de la preparatoria me había llevado a la Universidad de las Américas y le dije que me gustaba mucho; ella palideció y tras dudar la respuesta me dijo:
-Pues si te crees lo suficientemente buena gánate una beca y vemos.
 Cuando entré a la Universidad, el patronato se encontraba en el recorte de becas y no había becas del 100% disponibles por méritos académicos; así que obtuve el 75% de beca y hasta la fecha no me explico como nos las arreglamos para pagar la universidad y todos los gastos que se derivaron de mi educación. Nunca creí que pudiera hacer algo extraordinario en mi visa, cuando comencé en mis primeros años universitarios  ni siquiera conocía el mar y mucho menos sabía nadar. En gran parte fueron las escapadas con mis amigos y las parrandas universitarias las que me fueron abriendo los ojos a las inmensas posibilidades que le mundo tiene para ti. Con mis amigos conocí Veracruz, Cancún, Puerto Escondido y me fui adecuando al DF. Sin duda la vida universitaria te abre los ojos y te prepara para la vida adulta.
Cuando presenté mi Tesis ya trabajaba en una oficina gubernamental, había saltado de ser asistente electoral en el IFE a trabajar en una empresa a ser “jalada” por un mando medio que del gobierno municipal porque había sido la única mujer con suficientes pantalones para contestarle. Cuando llegué a mi departamento era efectivamente la única mujer y sólo era contratada para cubrir la cuota de género. Inmediatamente comenzaron las especulaciones para investigar quien era mi “padrino” y al no tener ninguno a la vista me quedo claro que aquellos que me brindaron su amistad en la Secretaría lo hicieron de corazón sin esperar ningún favor político a cambio.
Ese año y medio que trabajé ahí no hice ningún gasto estrafalario porque mi meta era cruzarme el charco y conocer a la Vieja Europa, tras tantas y tantas historias de mis compañeros de aulas que la visitaban con frecuencia. Además de tener la oportunidad de admirara la belleza de Suiza y caminar por las calles de París me enamoré, como tantos otros incautos, de sociedades que pese a sus problemáticas parecen ser más justas e igualitarias.
Decepcionada de la vida burocrática participé en la convocatoria de la Organización de Estados Americanos para obtener una beca en el exterior y fui una de los ocho que en 2008 fuimos enviados a diferentes latitudes en América. A mí me tocó Buenos Aires Argentina donde estudié mi Maestría en Estudios Internacionales y donde aprendí el significado de ser migrante. Sin duda Buenos Aires es una joya  en Sudamérica y la vida porteña tiene un particular encanto; sin embargo, las cuestiones de género y étnicas están a flor de piel. Alguien en la ciudad  me dijo una vez que los mexicanos nos tomábamos todo muy apecho y que éramos muy delicaditos y sentimentales que allá la cosa es más ruda, todo más intenso.
Estando en Buenos Aires encontré una invitación en Facebook para escribir sobre el movimiento olímpico. La verdad que no sé que me motivó a escribir, supongo que eran las ganas de expresarme sobre el tema lo que al final me mueve a tomar el teclado. En dos artículos cortos critiqué como los juegos olímpicos endiosan a los atletas y le hacen creer a la gente que si tomas Gatorade, te viste de Nike y comes en Mc Donalds entrarás al Olimpo. Igualmente acusé al movimiento Olímpico sobre sus llamadas políticas en el tercer mundo; cómo se les ocurre que los niños de las grandes metrópolis de los llamados países en desarrollo van a tener la capacidad de competir cuando en muchos de los casos su prioridad es alimentarse o los que lo logran se enfrentan a un torcido sistema corrupto e ineficiente. Bueno, ya imaginarán mi cara cuando me dijeron que no sólo iban a publicar mis dos artículos sino que me invitaban a Copenhagen al Congreso Olímpico para, junto con otros compañeros libre pensadores, íbamos a expresarnos como sociedad civil. Sin duda, fue una experiencia maravillosa, marcada por el hecho de conocer a valiosísimas personas que como yo se atrevieron a escribir lo que pensaban y hemos formado lazos de enorme amistad desde entonces. Tal vez el recuerdo más desagradable del viaje es cuando tras dos días de Congreso nadie de la delegación mexicana se había acercado a mí; mi guía Suiza me dijo un poco molesta que no creía lo poco que les importaba cuando una sola mujer de Latinoamérica era representada por México. Ese día por la noche una chica se acercó a mi y me dijo que el señor Vásquez Raña  me iba a dar unos minutos; en el lobby del centro de conferencias me condujeron hasta él, le di la mano y  me presenté, y el sólo me dijo:
-          ¿Y tú que haces aquí?, que representas a la sociedad civil, ¿pero quién los invitó?, este es un congreso olímpico.
Cuando regresé a México me decidí a buscar al Comité Olímpico Mexicano, no para que me dieran chamba ni me aplaudieran sino para al menos difundir que una mexicana había estado allá. No voy anegar que hubo gente muy amable, que me abrió su oficina y me brindó una palmada en la espalda, pero fue todo. Tiempo después me llamaron para que participara en un curso de Administración Deportiva, donde a los mejores promedios les otorgarían una beca para ir a Olimpia, Grecia. Asistí todos los días con todo y las limitaciones del tiempo y con una granizada incluida. Al examen en inglés se presentó gente que no había asistido ni a la mitad de sesiones y en el salón que se nos facilitó sacaron sus dispositivos móviles para ayudarse a hacer un sencillo ensayo de una cuartilla. Bueno como era de esperarse los resultados benefician directamente a funcionarios públicos.
Antes de que se me acuse de “ardilla” indiscriminadamente quisiera aclarar que yo se competir porque lo he hecho toda mi vida y que hay que saber ganar y hay que saber perder pero corruptelas y piedras en el camino. Yo no creo en el Neoliberalismo pero qué alguien me explique cómo demonios se puede sobrevivir compitiendo en una sociedad donde no hay reglas claras, donde los ganadores serán siempre los mismos, donde nos podemos desgañitar las gargantas exigiendo nuestros derechos y no va haber oídos que sean capaces de escuchar. Como Daniel Salinas Basave escribió en su reciente artículo sobre cierto copetudo que quiere ser presidente. Lo grave no es el hecho, sino el pobre y desgraciado país que lo gesta. Hoy como tendré que contestar como lo hizo Norma Andrade tras tener que decidir a abandonar el país por cuestiones de seguridad, “me duele mucho pero me tendré que ir”. Hoy estoy de ánimos para tomarme un avión.

lunes, 23 de enero de 2012

Recordadita de que otro México es necesario.

Eran pasadas las 23:00 horas en el Zócalo de la Ciudad de Puebla, un grupo de unas treinta personas trataban de organizar el campamento acordado después del primer día de actividades; unas voces se alzaban reclamando las fallas en la organización del evento, los contratiempos, los descuidos; aún así el grupo permaneció tranquilo, con buen ánimo ya que además de una larga noche de acampada todavía quedaba un largo día de actividades. El 15 O Puebla, surgió a partir del encuentro de varios jóvenes activistas que acudieron a la convocatoria mundial para indignarse el 15 de Octubre de 2010. Puebla fue una de las más de mil ciudades que se sumaron a la protesta global y el zócalo se convirtió en el punto de reunión de los interesados en manifestar lo que miles de jóvenes vociferan en todos los rincones del planeta; las evidentes fallas del sistema capitalista cuya tendencia a la acumulación exacerbada de capital privilegia y encumbra al 1% de la población mundial a costa no sólo del 99% restante sino de los derechos y libertades que la humanidad ha ido forjando a través de la colusión de la clase política con el gran capital y la inminente compra de su lealtad. El 15 O Puebla es un puñado de jóvenes que decidió dejar de tratar de acampar cada fin de semana en el zócalo capitalino y organizarse un festival cultural  con todo y bandas incluidas.
El pasado fin de semana, 21 y 22 de enero , los visitantes del primer cuadro de la ciudad pudieron deleitarse con un programa cultural que incluyó desde talleres de reciclado y meditación hasta comercialización de comida vegetariana y productos orgánicos, pasando por la promoción de la adopción de animales en búsqueda de un hogar, clown y malabares. A palabras de Vladimir, uno de los organizadores, el evento surgió de una reunión nacional de varios grupos de protesta con afinidad ideológica, quienes habían acordado realizar eventos en todo el país para promover su movimiento. Al parecer sólo Tijuana habría organizado algo parecido, mientras que los colectivos de otras ciudades como Guadalajara ya se encuentran desde más de una semana en campamentos de protesta.
La agenda del llamado movimiento indignado es tan amplia e incluyente como el festival del que fuimos testigos, los temas son todos los que puedan ser incluidos en relación a la intrínseca injusticia del sistema político y económico en lo que nos desenvolvemos. Los críticos a este movimiento subrayan, justamente, la gran multiplicidad de demandas que los “indignados” representan además de la poca eficiencia que este movimiento ha evidenciado al momento de traducir su presión social en reformas o cambios sustantivos en sus sociedades. En dos de los países donde los movimientos han sido más fuertes y han contado con más apoyo popular, Egipto y España, los gobiernos electos tras las manifestaciones no han cristalizado las demandas de las movilizaciones.
La otra enorme crítica que estos movimientos han provocado es justamente su articulación, ya que se conforman de ciudadanos enojados por una situación particular local, que a su juicio es un efecto del sistema internacional en el que se encuentran inmersos y su factor de cohesión es justamente la molestia que les despierta la situación pero enfrentan la enorme dificultad de crear grupos de presión organizados debido a la multiplicidad de razones que les indigna y a la falta de consenso en las propuestas para el cambio de su situación. Así mientras en la Unión Americana los indignados lo están por Wall Street, en España por el desempleo, en Chile por la Educación, en el Medio Oriente por los regímenes autoritarios y en Japón por las plantas de energía nuclear. Y claro a todos nos enojan cosas muy diferentes, bueno, salvo a los mexicanos que hasta hace muy pocos meses no nos indignaba nada.
Salvo unos cuantos activistas, analistas políticos, periodistas, los de siempre, que no se han cansado de vociferar la decadencia del país en el que estamos viviendo, antes en los pocos medios imparciales de los que cuenta nuestro México, ahora en la comunidad tuitera; Todos los demás mexicanos nos quedamos con la boca cerradita ante el cínico enriquecimiento y nepotismo de nuestra clase política, ante la amafiada relación de estos últimos y los dueños de los grandes monopolios nacionales, ante la obvia falta de justicia y podredumbre de nuestro sistema judicial, ante la enorme mediocridad de nuestro sistema educativo, ni que decir de los innumerables muertos de una impresentable guerra contra el narcotráfico y las montañas de corrupción e impunidad que los innombrables casos de la Guardería ABC y la Estela de Luz han dejado salir a la luz. En este país pocos se quejan y muchos menos hacen algo.
Es por ello que esfuerzos como el 15 O no deben pasar desapercibidos en ninguna ciudad del país, por que pese a la variedad de temas que puede parecer que representan, han demostrado con sus acciones tener al menos dos luchas muy claras y certeras. La primera es la valiosísima recuperación de las plazas públicas como medio de expresión y demanda ciudadana. María López, miembro del Colectivo 2.5, y coordinadora del Proyecto Migraciones Visuales, me explicaba justamente que uno de los principales objetivos de este proyecto visual ya razón por la que decidieron participar en el festival, contando con participaciones de creadores de países como Francia, España, Ecuador, Chile, Argentina y México, es la recuperación de los espacios públicos como lugares de expresión comunitaria; “Nosotros no migramos, pero nuestras creaciones sí lo hacen”. La otra clara lucha, que se relaciona ampliamente con la primera, es la difusión y fomento de una cultura alternativa que se aleje de way of live capitalista que nos esta consumiendo a todos. Con la frase “No se vayan a ver la tele, mejor quédense a vivir un ratito” los activistas invitaban a todos los transeúntes a acompañarlos; Israel, del grupo de rock progresivo Xiuhcoatl, hablaba de que decidieron participar en el evento por que se generó un espacio cultural amplio e incluyente, “Buscamos retomar las lengua originales, como el maya, mazateco, totonaco, náhuatl”. Por su parte Gustavo de la banda experimental Julie, quien autodenominó su proyecto como un debraye original, declaró: “Estamos unidos por la causa de cambiar, otro mundo no sólo es posibles, es necesario”.
“Con un festival hippie no se cambia nada”, declaraban algunos, mientras niños se encontraban haciendo reciclado en una carpa, grupos de persona miraban las fotografías de sus posibles futuras mascotas, otros más se acercaban a probar tacos y hamburguesas vegetarianas. El sábado los poblanos disfrutaron de la danza africana y el son cubano además de que muchos pudieron expresarse por medio del proyecto la foto roja, chavos que se han encargado de poner una frase en el rostro de muchos mexicanos en distintas ciudades. “Lo más importante es dar” declaró Ivan, otro miembro del 15 O minutos antes de que el grupo Vachamata pusiera a bailar a unas 500 personas la tarde del domingo. Niños, jóvenes y adultos bailaron al ritmo de la música, se veían felices, el ambiente se contagiaba. El festival cerró con la banda Rajamadrex, quien al ritmo de rock y blues entonaba “chinga tu madre señor limosina”, e invitó a los jóvenes a saludable desmadre, como su nombre lo sugiere.
Eran pasadas las 23:00 horas en el Zócalo de la Ciudad de Puebla, el mismo grupo de personas se encontraba recogiendo todos los enseres con una sonrisa en el rostro y un montón de anécdotas; seguros que al otro día México no sería un país muy diferente, pero al menos les queda lo que Sam, miembro del 15 O y del grupo Visíklekticos, menciona “la oportunidad de vernos a la cara, sin miedo, de frente”. Algo que a los mexicanos nos hace tanta falta.
Otro México no sólo es posible, es necesario.
@alekaortiz.