Escribo este texto con la intensión de que sea para una especie de catarsis a la frustración y grito ahogado que siento en mi pecho. Prometo ser lo más sincera posible con mis lectores y pese a los sentimientos que se están desarrollando en mi estomago apegarme lo más posible a los hechos.
Como a la mayoría de mis connacionales nunca se me fue regalado ninguna oportunidad sobresaliente. Me crié en una familia de clase media y recuerdo tiempos de vacas gordas y muchos de vacas flacas, como cuando el divorcio de mis padres coincidió con la crisis económica de 1994. Igual que millones es este país, madrugo, me atoro en el tráfico y me gasto mi quincena con tal de darle un presente a mi madre el 10 de mayo porque ella solita con su esfuerzo nos ha sacado adelante a mi y a mis hermanas. Recuerdo muy bien la cara que puso mi madre cuando le dije que un amigo de la preparatoria me había llevado a la Universidad de las Américas y le dije que me gustaba mucho; ella palideció y tras dudar la respuesta me dijo:
-Pues si te crees lo suficientemente buena gánate una beca y vemos.
Cuando entré a la Universidad, el patronato se encontraba en el recorte de becas y no había becas del 100% disponibles por méritos académicos; así que obtuve el 75% de beca y hasta la fecha no me explico como nos las arreglamos para pagar la universidad y todos los gastos que se derivaron de mi educación. Nunca creí que pudiera hacer algo extraordinario en mi visa, cuando comencé en mis primeros años universitarios ni siquiera conocía el mar y mucho menos sabía nadar. En gran parte fueron las escapadas con mis amigos y las parrandas universitarias las que me fueron abriendo los ojos a las inmensas posibilidades que le mundo tiene para ti. Con mis amigos conocí Veracruz, Cancún, Puerto Escondido y me fui adecuando al DF. Sin duda la vida universitaria te abre los ojos y te prepara para la vida adulta.
Cuando presenté mi Tesis ya trabajaba en una oficina gubernamental, había saltado de ser asistente electoral en el IFE a trabajar en una empresa a ser “jalada” por un mando medio que del gobierno municipal porque había sido la única mujer con suficientes pantalones para contestarle. Cuando llegué a mi departamento era efectivamente la única mujer y sólo era contratada para cubrir la cuota de género. Inmediatamente comenzaron las especulaciones para investigar quien era mi “padrino” y al no tener ninguno a la vista me quedo claro que aquellos que me brindaron su amistad en la Secretaría lo hicieron de corazón sin esperar ningún favor político a cambio.
Ese año y medio que trabajé ahí no hice ningún gasto estrafalario porque mi meta era cruzarme el charco y conocer a la Vieja Europa, tras tantas y tantas historias de mis compañeros de aulas que la visitaban con frecuencia. Además de tener la oportunidad de admirara la belleza de Suiza y caminar por las calles de París me enamoré, como tantos otros incautos, de sociedades que pese a sus problemáticas parecen ser más justas e igualitarias.
Decepcionada de la vida burocrática participé en la convocatoria de la Organización de Estados Americanos para obtener una beca en el exterior y fui una de los ocho que en 2008 fuimos enviados a diferentes latitudes en América. A mí me tocó Buenos Aires Argentina donde estudié mi Maestría en Estudios Internacionales y donde aprendí el significado de ser migrante. Sin duda Buenos Aires es una joya en Sudamérica y la vida porteña tiene un particular encanto; sin embargo, las cuestiones de género y étnicas están a flor de piel. Alguien en la ciudad me dijo una vez que los mexicanos nos tomábamos todo muy apecho y que éramos muy delicaditos y sentimentales que allá la cosa es más ruda, todo más intenso.
Estando en Buenos Aires encontré una invitación en Facebook para escribir sobre el movimiento olímpico. La verdad que no sé que me motivó a escribir, supongo que eran las ganas de expresarme sobre el tema lo que al final me mueve a tomar el teclado. En dos artículos cortos critiqué como los juegos olímpicos endiosan a los atletas y le hacen creer a la gente que si tomas Gatorade, te viste de Nike y comes en Mc Donalds entrarás al Olimpo. Igualmente acusé al movimiento Olímpico sobre sus llamadas políticas en el tercer mundo; cómo se les ocurre que los niños de las grandes metrópolis de los llamados países en desarrollo van a tener la capacidad de competir cuando en muchos de los casos su prioridad es alimentarse o los que lo logran se enfrentan a un torcido sistema corrupto e ineficiente. Bueno, ya imaginarán mi cara cuando me dijeron que no sólo iban a publicar mis dos artículos sino que me invitaban a Copenhagen al Congreso Olímpico para, junto con otros compañeros libre pensadores, íbamos a expresarnos como sociedad civil. Sin duda, fue una experiencia maravillosa, marcada por el hecho de conocer a valiosísimas personas que como yo se atrevieron a escribir lo que pensaban y hemos formado lazos de enorme amistad desde entonces. Tal vez el recuerdo más desagradable del viaje es cuando tras dos días de Congreso nadie de la delegación mexicana se había acercado a mí; mi guía Suiza me dijo un poco molesta que no creía lo poco que les importaba cuando una sola mujer de Latinoamérica era representada por México. Ese día por la noche una chica se acercó a mi y me dijo que el señor Vásquez Raña me iba a dar unos minutos; en el lobby del centro de conferencias me condujeron hasta él, le di la mano y me presenté, y el sólo me dijo:
- ¿Y tú que haces aquí?, que representas a la sociedad civil, ¿pero quién los invitó?, este es un congreso olímpico.
Cuando regresé a México me decidí a buscar al Comité Olímpico Mexicano, no para que me dieran chamba ni me aplaudieran sino para al menos difundir que una mexicana había estado allá. No voy anegar que hubo gente muy amable, que me abrió su oficina y me brindó una palmada en la espalda, pero fue todo. Tiempo después me llamaron para que participara en un curso de Administración Deportiva, donde a los mejores promedios les otorgarían una beca para ir a Olimpia, Grecia. Asistí todos los días con todo y las limitaciones del tiempo y con una granizada incluida. Al examen en inglés se presentó gente que no había asistido ni a la mitad de sesiones y en el salón que se nos facilitó sacaron sus dispositivos móviles para ayudarse a hacer un sencillo ensayo de una cuartilla. Bueno como era de esperarse los resultados benefician directamente a funcionarios públicos.
Antes de que se me acuse de “ardilla” indiscriminadamente quisiera aclarar que yo se competir porque lo he hecho toda mi vida y que hay que saber ganar y hay que saber perder pero corruptelas y piedras en el camino. Yo no creo en el Neoliberalismo pero qué alguien me explique cómo demonios se puede sobrevivir compitiendo en una sociedad donde no hay reglas claras, donde los ganadores serán siempre los mismos, donde nos podemos desgañitar las gargantas exigiendo nuestros derechos y no va haber oídos que sean capaces de escuchar. Como Daniel Salinas Basave escribió en su reciente artículo sobre cierto copetudo que quiere ser presidente. Lo grave no es el hecho, sino el pobre y desgraciado país que lo gesta. Hoy como tendré que contestar como lo hizo Norma Andrade tras tener que decidir a abandonar el país por cuestiones de seguridad, “me duele mucho pero me tendré que ir”. Hoy estoy de ánimos para tomarme un avión.
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